lunes, octubre 14, 2013

Mascaradas

Algunos dicen que la vida es un baile de disfraces. Yo, despreocupado por la vestimenta, me dedico a bailar lo mal que sé, sin importarme las caretas que día a día te intentan colocar por doquier. Porque no soy esa careta, porque siempre busco lo que se esconde tras los trajes que nos quieren hacer a la medida, la mayor de las veces sin siquiera saber nuestra talla. Y las caretas que nos colocan no suelen reflejar otra cosa que las intenciones de quien las reparte, sean buenas o malas.

Y me sigo dedicando a bailar, tropiezo y piso lo que puedo y, a veces, te encuentras con otros pies que se mueven contigo y parece que se acompasan. Y esos pies llevan careta, disfraz de luxe.

Y no me importa el traje que le hayan querido poner, y no es menos cierto que no se puede besar sin quitarse la careta, y en la valentía de arrancarla para verse las caras es donde reside el primer paso para bailar viendo lo que en realidad tenemos delante, y lo que nos perdemos si dejan de bailar.

Yo miro con mis propios ojos, y beso con mis propios labios. Y a quien le gusten las caretas, que chupe cartones.

domingo, octubre 13, 2013

Cielo

Lo que echas de menos. Lo que duele, lo que pega, lo que hiere. Las gotas por la barba. Lo que se muere.

El silencio y el aire. Las manos vacías, el cielo de lejos. La rabia, la lucha perdida en los espejos.

La nota en la entrada, la mente quebrada. La mirada profunda, las teclas que no dicen nada.

Los huecos, los temblores. Ni cava ni flores. Los patios de colegio. La ausencia, los dolores.

Las agujas en el pecho.

Mal de amores.

lunes, septiembre 16, 2013

La latencia de las semillas

Recuerdo mi último cigarro, bajo la mirada reprobadora de Jonah Kilt, una de esas noches tan limpias de Castrocontrigo. No olía más que al murmullo de la brisa entre los árboles.

Yo lamentaba una oportunidad perdida. Hablaba de cómo puedes tener todo a favor para que saliera y no salió. Y el me habló de semillas. De cómo, aún en las condiciones ambientales más propicias, una semilla puede no llegar a germinar, se queda esperando el momento realmente oportuno. Y, cuando llega el mejor momento, el adecuado, brota. Con fuerza, brota como nunca y con ganas, con sed de vida.

Me dijo que a ésto se le llama el periodo de latencia de las semillas. Cuando a veces, con todo a favor, falla el momento, el tiempo.

Pero las cuestiones de tiempo no son problema para las semillas, y como prueba me hizo escuchar el murmullo de las ramas sobre nuestras cabezas.

Lo que me hizo entender, y sigo dándole gracias por ello, es que no hay tanta diferencia entre una pequeña semilla y el más grande de los corazones.

martes, septiembre 10, 2013

Sola

En ese mes (apenas un mes) le dio por quitarle los clavos a mi cruz, y enterrarlos en el vergel de su jardín. Y con la madera hicimos un banco donde sentarnos a mirar las estrellas, y un jergón desde donde hasta ellas nos envidiaban. Se le da bien la madera.
Aún así sobró, y la esculpimos con forma de dos barquitos. Y cada uno se encargó de pintar a mano el del otro, y de darle nombre. Los soltamos a la mar en un día de tormenta, a la deriva.

Cada uno tomó su rumbo libre tanto para separarse como para volverse a encontrar, y que la marea nos sea propicia!

domingo, julio 28, 2013

Lujazos

A veces la vida se viste de lujo, te sorprende con el guapo subido y le da por hacerte dos regalos que no suelen ir al mismo tiempo.

Uno es un momento bonito, el otro la capacidad para disfrutarlo y nada más. Que no siempre las cosas son como nos gustarían nos hace perder muchos de los primeros; el otro nos suele venir demasiado tarde y a toro pasado recordamos cuando la vida se nos vistió de gala y nos dió por reprocharle los pendientes.

Que no hace mucho me enseñaron que la vida se enfada si nos dedicamos a sacarle los defectos, y le entran menos ganas de tirar de vestidor. Así que ya no le doy tantas vueltas a las cosas que no tienen arreglo ni me quedo parado cuando lo tienen.

Y, si la vida se me viste de gala, la saco a bailar.

sábado, julio 27, 2013

Demoliciones

Descolgué con ilusión. Y luego todo fue como esos documentales de demoliciones donde se ve caer el edificio a cámara lenta. Y todo es polvo y cascotes, y ruido con ruinas. Todo se desploma en pedazos hasta que vuelve el silencio, o no tanto como el silencio pero si sollozos que tengo grabados a fuego y fecha.

Ya hace tiempo, pero ahí sigue el solar.

martes, julio 09, 2013

Metalenguaje

De esas cosas pequeñas, cotidianas, de andar por casa, es de donde surgen las olas. Eso es lo que hay detrás de las palabras tranquilas y de los oídos que las acogen.

Y da igual si hablan de licencias, de la tozudez de las burras viejas, del color verde, de Dylan-Cohen. Lo importante es que fluyan como ondas que son, o sea olas. Y nunca hay dos iguales, y las que no se hayan visto no van a volver. Que lo bonito también está en compartir lo cotidiano, lo sencillo, lo pequeño. Eso es lo que va trazando hilos. Mareas. Arrugas.