Reivindico el regalo. Como acto consciente. De búsqueda empática, que sale de un interior y se lanza a investigar en las raíces de otro ser para querer conocerlo. Y este proceso ha de resultar tan trabajado como animoso. Porque un regalo que no sale de ese esfuerzo consciente no es más que un cambio de manos de un objeto.
Reivindico el regalo. Como acto bonito. Que bebe de verbos como sorprender, alegrar, honrar y celebrar; que se sustenta en y se sustancia a través de la emoción, que es la que lo motiva y en lo que se busca que finalice.
Reivindico el regalo. Como acto inmaterial. Que no tiene límites definidos ni definiciones limitadas. No posee cualidades de rangos ni de precios, sólo valores. Que no está obligado a poseer sustancia material (su sustancia vuelvo a afirmar es la emoción), ni forma determinada. No es por tanto formal ni reglado lo regalado.
Reivindico el regalo. Como acto revolucionario de amor. Y, para mí, todo lo demás es marketing.
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