viernes, abril 30, 2010

Maletas

A quien no le gustan las rosas que son sólo espinas, a quien se va a Gijón y no olvida Oviedo, a quien todavía pone camisa azul con pantalones cortos, a quien se mata por la tesis, a quien de noche vivía en un castillo,a quien me debe una cerveza, a quien debo unas cadenas y que se mantenga en primera, a quien pillan por pinina, a quien arrolla Mumbai, a quien sigue dando clases y lecciones, a quien firma dedicatorias entrañables, a quien conduce 500 kilómetros en un día por amistad, a quien me invitó a pastel de arándanos, a quien cree en las soluciones, a quien hace verdes los desiertos, a quien planta lechugas de interior, a quien reza por mí aunque yo no rece, a quien cuida niños y pierde gatos, a quien su presidente la mata de stress, a quien me quiere comprar a Hamilton, a quien por saber discutir no le dejan, a quien teclea más todavía que trabaja y trabaja tecleando, a quien en verano ayudaré en un artículo, a quien sabe que no es blanco ni negro sino morado, a quien trabaja tan lejos de casa y me llama mi muy amigo, a quien está en talante para el amor, a quien no sabéis lo que le acaba de pasar...y a mucha más gente... A todo lo demás:

jueves, abril 29, 2010

La artrosis de la funambulista

¿Vendrías si lo supieras? Acaso sea mejor no tentar la suerte y bajarse de la cuerda, dejar el riesgo para las que tienen algo que demostrar, reverencia y telón, todo lo que esta vieja es capaz de hacer gracias será a la edad, la rutina. La costumbre de hacerlo todos los días. El talento se esfumó con el miedo, caminan juntos luchando y venciéndose contínuamente hasta que un día por la mañana no están. Es entonces cuando, en el punto más álgido de la vida, la ausencia de miedo anuncia el fin del talento y el inicio de la caída, del vértigo. Ese punto en que la pelota parece detenerse en el aire. La velocidad de ésta caída solo dependerá no de la gravedad sino de que nos demos cuenta de nuestra propia decadencia y no la aceleremos. Lo primero que hace una medallista tras recibir el oro, el himno y los aplausos es bajarse del pedestal y volver a pisar la tierra húmeda por los aspersores. Sólo dos cosas puede hacer una funambulista con artrosis: aprender a tirar su cable en la arena y mirar al aire las gaviotas, o unirse a ellas.