Hay palabras que, por cómo se dicen, parecen rocas pero son de las que no guardan nada dentro y los años y el salitre reducen a granos de arena; así como hay palabras que se dicen en una voz tan baja que parece que las lleva el viento, cuando en realidad son así de livianas porque nacen sin cargas ni premeditación. Y tienen la capacidad de colarse por cualquier rendija para llegar hasta el fondo.
Hay días que se celebran año tras año desgastando un poco de la ilusión original cada vez. Hay otros días que no se celebran pero no hay manera de olvidar, sobremanera si lo que evocan no es ya sólo arena sino la belleza perenne de una roca esculpida.