lunes, septiembre 16, 2013

La latencia de las semillas

Recuerdo mi último cigarro, bajo la mirada reprobadora de Jonah Kilt, una de esas noches tan limpias de Castrocontrigo. No olía más que al murmullo de la brisa entre los árboles.

Yo lamentaba una oportunidad perdida. Hablaba de cómo puedes tener todo a favor para que saliera y no salió. Y el me habló de semillas. De cómo, aún en las condiciones ambientales más propicias, una semilla puede no llegar a germinar, se queda esperando el momento realmente oportuno. Y, cuando llega el mejor momento, el adecuado, brota. Con fuerza, brota como nunca y con ganas, con sed de vida.

Me dijo que a ésto se le llama el periodo de latencia de las semillas. Cuando a veces, con todo a favor, falla el momento, el tiempo.

Pero las cuestiones de tiempo no son problema para las semillas, y como prueba me hizo escuchar el murmullo de las ramas sobre nuestras cabezas.

Lo que me hizo entender, y sigo dándole gracias por ello, es que no hay tanta diferencia entre una pequeña semilla y el más grande de los corazones.

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