jueves, diciembre 13, 2012

Verdades (2)


Sí, también habrá alguno de esos días en los que todo se vuelve del revés, que siempre hay quien quiere dejar sus nubes en tu parte de cielo pero no. Que no lo logran porque tu parte de cielo es enorme, y porque prefieres la lucha a la compasión, la búsqueda a la inercia. Y en alguno de esos días te verás temblar a ti misma, pero siempre habrá por lo menos tres razones por las que nunca llegarás a caer.

Una es lo que llevas dentro, lo que te hace como te hace, incluyendo la sonrisa, la fuerza, la ilusión, las ganas, la franqueza, la mirada y tantas cosas más hasta llegar a detalles como los pequeños puñetazos que das cuando estás feliz, o tu manera de doblar las muñecas al girarte. Todo lo que llevas dentro, lo que tú eres, ya es equipaje suficiente para cualquier camino que elijas. Todas esas piezas forman un mosaico de razones para creer en ti, en ti misma.

Otra es lo que das, lo que haces llegar. Porque siempre creí que todos somos un poco caja de resonancia, y que tu forma de dar, de ser hacia fuera, provoca ecos y respuestas que no son más que reflejo de cómo cada uno se muestra. Y comprenderás que en tu caso la mayoría de las veces ese eco te devolverá calor, y color y si acaso reconozco que, en algunas cajas de resonancia ajadas y amargadas, la envidia.

Así que sí, que nos vengan esos días, y haremos que parezcan minutos. Después de la tormenta, oleremos la tierra y en la zona recién regada nos dedicaremos a plantar brotes, que es lo que se nos da, mientras otros parece que persigan a las nubes para vivir debajo de ellas.

martes, diciembre 11, 2012

Impulso (2)


Todavía me muerdo algunas coletillas, y no sé si será normal, o si será bueno, pero es así. Se me quedan colgando de la lengua y no saben dónde meterse, así que bajan otra vez por la garganta y se me resguardan dentro, se me quedan durmiendo como tres o cuatro días las más de las veces, son perezosas como mis mañanas o tus halagos. Luego se aburren y me hacen cosquillas por el pecho, les entran las ganas de salir pero ya no recuerdan el camino a mi boca, se me deslizan por los nervios y me los reviven, bajan y suben unas horas por mi espina dorsal hasta que se estiran hacia los hombros, me rodean el pecho y me hacen daño en las costillas. Luego, aún inquietas, buscan los dibujos que unas yemas imaginaban en mi piel pero ya no están, y se dirigen hacia las mías, hasta la punta de los dedos me llegan y siguen tan vivas que me hacen temblar y de esa manera martilleo un teclado que no hace otra cosa que entregar a una pantalla palabras que no hacen sombra, ni lo intentan pero valen como muestra, como coletilla.

domingo, diciembre 09, 2012

Necedad

Las cosas que haces mejor se acaban imponiendo a las nubes, provocando que uno celebre los días que alguna vez por necio, no quiso, pero que guardan tantas cosas que por fuerza y corazón se siguen recordando siempre, y con ilusión.

Porque no se pueden cerrar los ojos a la belleza sin  pasar por idiota, porque nada hay más inútil que no servirse de lo mejor de cada historia para crecer, o nada más cobarde que negar las evidencias o nada peor que buscarle el lado triste a lo bonito. Porque si la vida son momentos yo debo ser gato, y aún así no me caben en las siete, qué suerte que haya gente que los provoque cada día con magia de la buena, de la que brilla y es de los colores que yo quiero para mis cristales de ver el mundo.


Y como la ocasión así se presenta, no me faltarán estos días oportunidades para brindar parafraseando a aquel artista por quienes se atreven a llenar su tiempo con momentos porque saben que no tienen un momento que perder. Personas valientes que están llamadas al éxito.

N


Aquel día hubo regalos, risas, pequeños golpes, papel rasgado, chocolate, desorden, besos, calor, color, olor, sorpresas. Imagínate qué puede salir de juntar todo eso.

Yo sólo sé que, cada vez que me acuerdo, se me hincha el pecho.