sábado, noviembre 17, 2012

Decretazo


Aquella pintada de la facultad de ciencias políticas de París la reclamo hoy para ti. Y lo daremos todo para que se cumpla, tú siguiendo de naranja tu camino y yo decidido a apoyarte. Respira. Ya está. No lo intentes, hazlo. Así de fácil. Y si se rompen los platos no será porque los hayas dejado caer esta vez.

Y no permitas que el miedo a que llueva te haga salir de casa con paraguas. Mira el sol. Si llueve, sabrás encontrar aquel refugio que tenía cimientos de palabras y olor a café. Hoy reclamo aquella pintada porque queremos que se haga realidad, y la reclamo con la autoridad que me dan las puertas que abriste y todo el papel que rasgaste. Será fácil si te dejas de preocupar por ello. Y si se rompen los platos no hará falta pagarlos porque día a día lo hiciste con creces, con sonrisas y con tu magia de Oz.

Yo seguiré por ahí, por algún lado. Sí, aunque no me veas. Pero abre los ojos, y mira lo que tienes alrededor. Y si se acaban rompiendo los platos, lo sabrás afrontar. No creas que no ir directa a lo que quieres es perder las esperanzas. Nunca vi una mariposa volar en línea recta.

Hoy reclamo para ti aquella pintada, y te declaro en estado de felicidad permanente.

jueves, noviembre 15, 2012

Melanina


Me había olvidado muchas cosas, y otras tantas ni siquiera las conocería a no ser por aquella canción. Algunas de ellas no siguen conmigo, pero desde luego las que me quedan no paran de sacarle colores a la letra y sabor a la melodía que hizo temblar todas las capas que impedían que llegara el sol a mi piel. Y de vez en cuando paseo desnudo cuando la susurro, sin parar de dar las gracias por el bronce anaranjado que esos rayos le devolvieron a una piel menos blanca que nunca.

Que me río de los que se quedan con París sepia, de cosas a lo grande nunca obtuve sonrisas, en pequeños detalles me gané tu mirada.

Una sencilla canción, un momento y un estallido que se te cuela dentro para siempre.

domingo, noviembre 11, 2012

Cuatrocuartos


El aire entre los dedos es el que me saluda. Y el olor frío que me trae no me asusta, aunque no lo desee. Nací en invierno, y si el frío me rodea así como viene lo recibo, que viene y va y el hecho de sacar nubes de la boca no significa que estés muerto, si acaso escondido, protegido del exterior, latente.

Nací en invierno, con ese viento que te deja la nariz roja como un payaso. Será por eso que me río desde el primer día de mi vida de casi todo lo que me rodea, con esa ilusión que creía tenía perdida pero me devolvieron en un gesto impagable.

Tampoco me molestan las cosquillas de gotas en mi cara, que a veces bajan mezcladas con el humo de chimenea, de asar castañas, de carbón, madera y gasolina; o de sal.

Que venga el frío. Le pese a quien le pese, me pondré mi cuatrocuartos y me esconderé debajo de él sin que apenas se me vea. Que ese frío viene y se va. Como el calor.