sábado, enero 19, 2013
Falta el título
Anciano
domingo, enero 13, 2013
Pequeño
miércoles, enero 09, 2013
Hilos
Y sigue creciendo, y no dejes que nadie te borre la sonrisa más bonita del mundo. Y lucha cada día. No te olvides de bailar, ni del naranja, ni de que ya eres feliz. No te olvides de brillar, y yo prometo no olvidar tu magia."
martes, enero 08, 2013
Nueve de adán
Y no es tan triste, porque no nos hace falta que lo sea, porque nunca apostamos al negro, porque nunca nos lamimos las heridas, las secábamos al sol. Porque sigue siendo bonito, y muy grande, y no dejará de ser puro o dulce o sincero. Porque nunca había gastado papel de esa manera antes, porque nunca sorprendía hasta que me sorprendiste. No, nunca había hecho la mitad de todo lo que nos pasó. Todo eso que provocaba tu sonrisa cada día fue el eco de lo que tú me dabas, era mi respuesta natural a ti. Me quedo con la alegría que dejaste dentro, que no se irá, que me devolviste. ¿Con qué te quedas tú, de entre todo aquello? Sea lo que sea, que te acompañe cuando más lo necesites, como aquel pequeño talismán soñoliento. Y tranquila, sabes que no te guardo más que sonrisas, la memoria de tus caderas y una taza por si acaso.
domingo, enero 06, 2013
Torpeza
Fue por sus ojos. Brillaban como nunca, no paraban de posarse en nada, inquietos. Me parecían grandes como la ilusión que los hacía estar tan vivos. Sus ojos estudiando las cosas, sus ojos demostrando la fórmula para ser feliz.
Fue por su boca. Que parloteaba muy dulce, que hablaba cariñosa y reconfortante. Su boca, aquel cielo.
Fue por su sonrisa. Generosa, contundente, superlativa. Contagiosa como los bostezos que nos pasábamos en el sofá, única como para hacerte entender aquello que nunca creíste de iluminar una habitación.
Fue por sus manos. Ligeramente torpes, algo nerviosas pero adorables entre papel rasgado, amables, sensibles.
Fue por su espalda, que cuando pide clemencia las hormiguitas de la punta de los dedos se van a dormir a su gracia.
Fue por su magia, que parecía hasta verano, que pocas personas tienen magia como para trastocar los pronombres, o las estaciones, o hacer que todo lo que le rodea se alegre a su paso.
O quizá fue ese corazón tan grande que parece que se oía, o la manera de meterse conmigo, o de hacerme dar más vueltas o simplemente que con esa magia hacía encogerse el universo y estaba encerrado en aquella habitación, y no hacía falta nada más.
Fue mi culpa que caí, aquella vez. Un pobre diablo llamando a las puertas del cielo.