sábado, enero 19, 2013

Falta el título


Que rompería los cristales de las ventanas con este vacío
Que subiría hasta el cielo para buscar la suela de tus zapatos de cristal
Que sería capaz de formar una montaña grano a grano con la sal que me sacas
Que vendería mi alma en las rebajas si no la hubiese regalado en papel kraft
Que me sobra corazón, que me faltan ocasiones
Que en todas mis casas cabe tu ausencia, que en todas las tuyas falta tu ser
Que construí una cuerda con todos los adjetivos que me diste
Que  gracias a ella siempre sabré encontrarte
Que me rodea un océano de sonrisas en forma de detalles recordándote, y no sé nadar tan bien
Que me callo lo peor, lo que me toca sólo a mí, lo que no te puedo contar


Que aún así me sobran razones para sonreír por tu culpa

Anciano

Y quizá la distancia se agrande tanto como para hacer crecer tu olvido, no lo sé. Que al tiempo poco te importará saber de mis huesos, de mis pasos o de mi papel marrón. Pero si eso pasa será sólo por ti, que a mí me hizo más grande tu sonrisa, y si los años llegan a caerme encima por muchas décadas más algún día muy lejano me sorprenderé silbando aquella melodía con tu sonrisa creciendo en mi cara, con tu cariño en mis costillas y juraré que la brisa me trajo un poco de aquel olor a frutas y jazmín.

domingo, enero 13, 2013

Pequeño


No te quedes mirando la puerta, imaginando lo que hay detrás. Nadie puede caminar por ti, ni luchar en tu nombre. Que nadie pueda nunca levantar el dedo, y exclamar que te rendiste. Al menos en eso creo, y así lo hice en toda la medida que pude. Y no me gustan demasiado las balanzas pero si la desempolvo sin duda apoyará mis pasos en cada uno de los días que calibre, ya sólo basta con que ponga medida a mi sonrisa antes y después de todo, de aquella canción.

Porque hay mil cosas que no sé hacer, y no soy muy grande, ni llamativo, ni poderoso. Pero no te quedaste mirando la puerta.

miércoles, enero 09, 2013

Hilos

"Toma un cabo de esta cuerda. No sé si será lo suficientemente larga, ni si resistirá la tensión. O quizá lo sueltes con el paso del tiempo, cuando no tengas muchas ganas de decir feliz día, ni haya llamadas urgentes. Eso no depende de mí. Yo te doy el cabo, y si te hace falta da un pequeño tirón. Puede que tarde, que ande muy lejos, que me cueste responder, pero notaré el tirón porque até mi cabo en la cintura, y poco a poco me fui olvidando de cómo me enseñaste a deshacer nudos.
Y sigue creciendo, y no dejes que nadie te borre la sonrisa más bonita del mundo. Y lucha cada día. No te olvides de bailar, ni del naranja, ni de que ya eres feliz. No te olvides de brillar, y yo prometo no olvidar tu magia."

martes, enero 08, 2013

Nueve de adán

Me saben amargas las naranjas del desayuno si no me encuentro de frente tus ojos, se me queda larga en la mañana la cafetera. Me sobra manta por las tardes y no hay serie que me enganche a ese sofá. Me caigo a la calle en vez de pisarla cuando antes me paraba a saludarla, la cocina ya no huele a chocolate, mis dedos no recuerdan cómo era aquello de deshacer los nudos que tú desnudabas. Nunca volví a sentarme en la parte de atrás de aquel bar. Ya no me queda esa sensación tan dulce de que todavía andas por aquí a la media hora de que hayas salido, yo recogiendo la casa y tu aroma colgando aún por el aire.

Y no es tan triste, porque no nos hace falta que lo sea, porque nunca apostamos al negro, porque nunca nos lamimos las heridas, las secábamos al sol. Porque sigue siendo bonito, y muy grande, y no dejará de ser puro o dulce o sincero. Porque nunca había gastado papel de esa manera antes, porque nunca sorprendía hasta que me sorprendiste. No, nunca había hecho la mitad de todo lo que nos pasó. Todo eso que provocaba tu sonrisa cada día fue el eco de lo que tú me dabas, era mi respuesta natural a ti. Me quedo con la alegría que dejaste dentro, que no se irá, que me devolviste. ¿Con qué te quedas tú, de entre todo aquello? Sea lo que sea, que te acompañe cuando más lo necesites, como aquel pequeño talismán soñoliento. Y tranquila, sabes que no te guardo más que sonrisas, la memoria de tus caderas y una taza por si acaso.



domingo, enero 06, 2013

Torpeza

Fue por sus ojos. Brillaban como nunca, no paraban de posarse en nada, inquietos. Me parecían grandes como la ilusión que los hacía estar tan vivos. Sus ojos estudiando las cosas, sus ojos demostrando la fórmula para ser feliz.

Fue por su boca. Que parloteaba muy dulce, que hablaba cariñosa y reconfortante. Su boca, aquel cielo.

Fue por su sonrisa. Generosa, contundente, superlativa. Contagiosa como los bostezos que nos pasábamos en el sofá, única como para hacerte entender aquello que nunca creíste de iluminar una habitación.

Fue por sus manos. Ligeramente torpes, algo nerviosas pero adorables entre papel rasgado, amables, sensibles.

Fue por su espalda, que cuando pide clemencia las hormiguitas de la punta de los dedos se van a dormir a su gracia.

Fue por su magia, que parecía hasta verano, que pocas personas tienen magia como para trastocar los pronombres, o las estaciones, o hacer que todo lo que le rodea se alegre a su paso.

O quizá fue ese corazón tan grande que parece que se oía, o la manera de meterse conmigo, o de hacerme dar más vueltas o simplemente que con esa magia hacía encogerse el universo y estaba encerrado en aquella habitación, y no hacía falta nada más.

Fue mi culpa que caí, aquella vez. Un pobre diablo llamando a las puertas del cielo.

jueves, enero 03, 2013

Belleza


Que no, que no hay nada más grande. Conocí el sol cayendo en oriente, la luna y el olor a hierba en los acantilados de las islas del norte, el calor de la arena del sur, el frío inhóspito de la ciudad de la luz.

Descubrí sabor del té verde de manos de una vieja desdentada, el valor de la paciencia de un anciano de gorra, los nombres de las nubes de un intrépido maestro, las noches sin sentido de una granja sin remedio.

Pero no encontré nunca nada más grande que lo que me hacía sentir ese gesto, impetuoso, lleno  de todo lo que sabía dar en tan poco. Y, como sus mejores cosas, de repente. E imborrable.