No te
quedes mirando la puerta, imaginando lo que hay detrás. Nadie puede caminar por
ti, ni luchar en tu nombre. Que nadie pueda nunca levantar el dedo, y exclamar
que te rendiste. Al menos en eso creo, y así lo hice en toda la medida que
pude. Y no me gustan demasiado las balanzas pero si la desempolvo sin duda
apoyará mis pasos en cada uno de los días que calibre, ya sólo basta con que
ponga medida a mi sonrisa antes y después de todo, de aquella canción.
Porque
hay mil cosas que no sé hacer, y no soy muy grande, ni llamativo, ni poderoso.
Pero no te quedaste mirando la puerta.
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