viernes, diciembre 28, 2012

Torbellino


Era todo por sus pequeñas manías. Sus miedos, sus temores. Su manera de cambiarme el día, sus sonrisas. Sus entradas y salidas, su sencillez para hacer crecer lo pequeño, su maña con los colores. Su ilusión. Sus decisiones. Su modo de ver las cosas. Sus enojos. Sus dudas, mis ideas. Mis dudas, su apoyo. Sus secretos, mi oído. Su interés, mis capas. Nuestros cafés. Sus nudos, mis dedos. Sus aficiones, mis intenciones, nuestras tardes. Sus ganas, mi torpeza, nuestras risas. Sus sentidos, mi plastilina, nuestros secretos. Todas nuestras cosas, nuestros días.

Su facilidad para meter su vida tan dentro en la mía, y revolver hasta los pronombres.

miércoles, diciembre 26, 2012

Escalofrío


Ese día también habrá estrellas, y todo lo demás que sale en las canciones ñoñas y en los blogs sentimentaloides, y puede que una manta o puede que no, y arena donde tumbarse. Y lo más bonito no será el sonido del mar, ni la luz pálida, ni la brisa en tu pelo. Lo especial no serán las burbujas para brindar que acabaremos lanzando a la espuma de las olas, ni lo mágico será pedir deseos a estrellas fugaces.


Que todo lo anterior no valdrá nada ni nos hará falta si se produce el perfecto eclipse de luna provocado por tu silueta.

martes, diciembre 25, 2012

Virtudes


Esas otras huellas hablaban de alguien tan raro como para superar en ilusión a un niño, que pisaba con las ganas de vivir de un ex presidiario, que caminaba con la firmeza de voluntad de un asceta de noventa años, que a veces paraba a saltarse o a bailar de pura alegría, que juntaba los pies para dibujar corazones, que le gustaba ir al mismo paso que al resto, que cantaba y marcaba el ritmo con la punta de los dedos y que no le importaba si la marea mojaba un poco sus pies de trabajadora incansable. 

Eso, entre muchas otras cosas que no dicen las pisadas, y que me callo.

Defectos


Supongo que sería por la resaca, pero hoy en la arena sólo encontré mis huellas. No parecían tan firmes, ni tan rectas como en aquella otra ocasión. Casi me costó reconocerlas como mías. Quizá es que hay días torcidos, o que siempre es más fácil llevar bien el paso entre más gente.

Me quedé un buen rato mirándolas, mi curiosidad me hizo seguir hacia atrás mi rastro y descubrí estudiándolas que puede que cojee un poco, que me tambaleo, que me paro, que sigo un rumbo pero a veces lo despisto, que unas veces apenas apoyo el pie, que otras dejo firme la impresión de mi planta en la arena. Y cada persona que las mirara podría deducir según qué cosas, y de cada una de ellas sacarme un defecto.

Pero lo que las huellas dejan claro es que aún cojo, desorientado, tambaleante, cansado o solo, yo sigo caminando.

viernes, diciembre 21, 2012

Lo mejor está por venir


Brindaré por muchas cosas y de entre ellas algunas serán para adentro, como cuando lo haga para desear que no me falten esos momentos en los que sabes que estás donde quieres estar, porque te sientes a gusto y tranquilo, que todo es fácil según con quien, y bonito, y para mucho tiempo.

Que sí, que feliz navidad que próspero año nuevo pero yo brindaré por lo que sé que tengo y que comparto, y si no se nos da que nos pille sonriendo, porque de eso no nos va a faltar, ni ilusión por seguir creciendo ni fuerzas para intentarlo. Y las caídas que sean como pausas pequeñitas, que de vez en cuando viene bien besar el suelo para que besar el cielo sepa aún mejor.

lunes, diciembre 17, 2012

Convicciones


Guardo, como todo el mundo, el recuerdo detallado de una serie de cosas que a priori nos parecen importantes. De todas, las hay que con el tiempo van perdiendo su brillo para quedar casi en anécdotas. Y las hay que no saben de cuestas abajo, del significado del verbo ajar, del desgaste o de la relatividad. Y crecen quiera uno o no, porque no es voluntad de cada uno decidir hasta dónde llega a calar lo ajeno en lo propio; y no es mi costumbre nadar en contra de las corrientes que navegando me dejaron días de sol y razones para sonreír por lo menos hasta el fin del mundo.

Recuerdo, como casi todo el mundo, algunos días más que otros porque los cambios que conllevan suelen venir para quedarse y servir de escalón, que más vale usar para subirnos a él por mucho que otros crean que se usan para tropezar. Y desde que lo usé puedo ver por encima de las nubes.

Atesoro más las palabras que las cosas que me relacionan con esos momentos, porque el timbre de una voz que te hace brillar los ojos no se puede perder por ningún lado ni escapar de la memoria agradecida de quien lo escucha, y prefiero la esencia al símbolo, aunque no esté mal tener detalles que lo atestigüen.

Conservo intacto el derecho y el deber de defender y luchar por quien lo ha hecho por mí, de manera indeterminada en el tiempo y sin más condiciones que la entrega total a la causa de la felicidad a quien me la haya regalado.

Imagino siempre la manera de pintar sonrisas en las caras que me miran de cerca porque sé lo mucho que cada una de ellas se lo merece.

 Adoro la manera en que la forma de ser de algunas personas me provocan ganas de sorprenderlas siempre.

Suelo escribir sabiendo quién lo lee, y jugando con las palabras.

jueves, diciembre 13, 2012

Verdades (2)


Sí, también habrá alguno de esos días en los que todo se vuelve del revés, que siempre hay quien quiere dejar sus nubes en tu parte de cielo pero no. Que no lo logran porque tu parte de cielo es enorme, y porque prefieres la lucha a la compasión, la búsqueda a la inercia. Y en alguno de esos días te verás temblar a ti misma, pero siempre habrá por lo menos tres razones por las que nunca llegarás a caer.

Una es lo que llevas dentro, lo que te hace como te hace, incluyendo la sonrisa, la fuerza, la ilusión, las ganas, la franqueza, la mirada y tantas cosas más hasta llegar a detalles como los pequeños puñetazos que das cuando estás feliz, o tu manera de doblar las muñecas al girarte. Todo lo que llevas dentro, lo que tú eres, ya es equipaje suficiente para cualquier camino que elijas. Todas esas piezas forman un mosaico de razones para creer en ti, en ti misma.

Otra es lo que das, lo que haces llegar. Porque siempre creí que todos somos un poco caja de resonancia, y que tu forma de dar, de ser hacia fuera, provoca ecos y respuestas que no son más que reflejo de cómo cada uno se muestra. Y comprenderás que en tu caso la mayoría de las veces ese eco te devolverá calor, y color y si acaso reconozco que, en algunas cajas de resonancia ajadas y amargadas, la envidia.

Así que sí, que nos vengan esos días, y haremos que parezcan minutos. Después de la tormenta, oleremos la tierra y en la zona recién regada nos dedicaremos a plantar brotes, que es lo que se nos da, mientras otros parece que persigan a las nubes para vivir debajo de ellas.