Ese día
también habrá estrellas, y todo lo demás que sale en las canciones ñoñas y en
los blogs sentimentaloides, y puede que una manta o puede que no, y arena donde
tumbarse. Y lo más bonito no será el sonido del mar, ni la luz pálida, ni la
brisa en tu pelo. Lo especial no serán las burbujas para brindar que
acabaremos lanzando a la espuma de las olas, ni lo mágico será pedir deseos a
estrellas fugaces.
Que todo lo anterior no valdrá nada ni nos hará falta si se
produce el perfecto eclipse de luna provocado por tu silueta.
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