Esos fugaces instantes que me puedes dar. Que solamente tú sabes dar. Destellos de todo lo que guardas. Son como breves adelantos de cómo quiero que sean mis días.
Con los reflejos de tu pelo haciéndome perder la cabeza.
Y cuando no estás cierro los ojos, y lo veo. Veo tus ojos mirando mis ojos mientras te acercas.
Pero nunca es para quedarte. Te vas, y me dejas mis ojos cegados por los destellos. Se ahogan a veces, te buscan.
Te ven en los tonos pajizos de los atardeceres de este invierno. En las gotitas de miel cayendo al café de la mañana.
Y quizás otro día vuelvas a darme un momento. Y tú metas otro guijarrito en el bote mientras sonríes y te dices para adentro y muy bajito que te estás enamorando.
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