Y quizás todo esto valga para bajarme del falso pedestal que me pusiste. No hay hombre más humano que yo, que las espinas que llevo clavadas en la frente no son de ninguna corona.
Nada puedo reprochar si al verme desnudo decides correr. O quizá sí una cosa: que con tanta distancia es mucho más difícil hacerte reír todos los días, a todas horas.
Y si sufro de ansiedad porque vuelvas a reír demiconmigo, no temas.
Porque si decides hacerlo, si apuestas por lo bonito, en mi frente habrá las mismas espinas. Pero tendré:
Esas sonrisas que regalas cuando vas a la playa; son enormes paraguas tornasolados que cubren espaldas.
Esa manera indecente de burlarte de mí, de sacarme de quicio, tan tuya que desnuda mi alma.
Cada beso ro(b)gado una y mil veces.
No sabe a victoria.
No hay guerra.
Tu beso es mi paz.
Puede ir a mejor. Hay un hombre colgado del punto y final de esta carta que se dejaría la piel por ello.
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