Ayer, a estas horas, reías sin parar. Y yo encantado pero sin saber exáctamente que era lo que había hecho bien.
Ayer, a estas horas, hablabas. Y yo contigo. Sin parar nada más que el tiempo.
Ayer, a estas horas, devolvías mis pullas con otras más fuertes. Y te divertía.
Ayer, a estas horas, hacíamos planos, planes. Plenos.
Ayer, a estas horas, te brillaban los ojos y la sonrisa. Y me atraías.
Ayer, a estas horas, no te echaba de menos; no hacía falta escribirte, no cerraba los ojos sin los tuyos delante.
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