lunes, noviembre 18, 2013

A_gusto

En esta historia hay un bar, como en muchas historias. Y había una rubia, como en todos los bares un sábado por la noche, como en muchas historias. Y para mi sorpresa, me miraba, y eso ya no sale en muchas historias. Lo primero que hice fue mirarme de arriba abajo, creyendo ciegamente que la razón de esa fijación era algo que a mí me había pasado inadvertido pero que a ella le hacía sonreír por encima de las babas que la circundaban.

Y no encontré nada en mi aspecto que a mí me pareciera fuera de lo corriente, así que me dio por creer que me merecía una explicación. Me acerqué y a las preguntas siguieron un par de risas cervezas repuestas y más miradas, con el no único interés de ver hasta dónde llegaba su interés. Que si estaba solo me dijo antes de acercarse la cerveza a los labios, ya me iba para casa contesté bebiendo en mi turno.

"A casa, que a gustito llegar a casa, ¿verdad?" Me dijo ampliando la sonrisa. Y en ese instante, las palabras casa y a gusto provocaron un remolino en mi cabeza, y en mi mente brilló una imagen. Era la foto que me mandaste al teléfono, yo en medio de una noche de trabajo que se acercaba a su fin. Y tú en casa. Me la mandaste de repente, no lo esperaba. Elegiste de las cuatro que sacaste aquella en la que te veías más guapa, tu melena haciendo mares por el suelo de madera, en los ojos una mirada paciente como nunca fui yo, esperando tranquila. Y en la boca un puntito. No te hacía ninguna falta sacar cuatro, valía la primera porque mis ojos te miran desde el lugar en el que vivo, ese huequito que hay entre tus líneas del corazón y de la vida.

Porque alguien me dijo que la mente es una máquina perfecta, y estar en casa a gusto era aquello y no otra cosa. Así que a aquella chica le respondí que de hecho me iba ya a casa, me callé que a mirar tu foto, me porté como un caballero y por supuesto dejé que me invitara, apoyé la cerveza vacía encima de la etiqueta arrancada de la suya y salí.

Dicen que hacía frío esa noche.

lunes, noviembre 11, 2013

Piedra

Tu sencillez para esculpir en piedra con las manos desnudas. Esa facilidad para dejar tu impresión grabada a prueba del tiempo. Porque tus marcas vienen desde la sonrisa. No hay cicatriz si no hay herida, no hay dolor si tu manera de fijar impresiones se basa en la felicidad y tus armas son besos y risas. No dejas huecos, sino que te haces con un sitio que permanece lleno de velas con tu nombre.

Dejas cada piel mejor de como la encontraste, echarte de menos es derecho y no obligación.
Inspiras, remueves, conmueves. Alegras hasta de lejos, y por eso tu recuerdo es feliz y sereno. Añorarte es sólo querer ser mejor, mirar hacia arriba y no hacia atrás. ¿Perderte? Carece de significado contigo, que tu mayor mandamiento es compartir, lo demás viene y se va, y se disfruta lo que se comparte mientras se nos presente.

Panderetera que me dejas olvidar el hoy hasta mañana, que escondes un trébol de cuatro hojas contra la lluvia y lo desmigas entre papel de liar, no olvides que lo que tallas no entiende de olvidos, que lo que dejas sigue creciendo, que el quizá de un destino que sólo se toma su tiempo es el ojalá que me guardo con derecho a suspirar y nada más, que mis ojos ya han visto lo que no sabían ni que buscaban, recuerda todo el tiempo que permanecimos escondidos excepto aquella noche que pasamos uno al lado del otro en el diario sin saberlo.

Que ese punto de tus labios siempre me ha dicho que es punto y seguido, que mataría por volver a verte en pantalones y nada más, por estar detrás del círculo bajo tu triángulo, por volver a sentir esa risa floja tras sudarnos, por arrugar la nariz con las cosquillas de tu pelo, por volver a contar con todas tus facetas, no perderme ninguna de tus partes.

Porque era muy fácil sentirnos felices, y tengo que reconocer que sinceramente no creo que encuentre a nadie como tú para poder llamar compañera.

Compañera, ha sido un viaje corto. Pero me temo que por muy largo que hubiera sido, me lo habría parecido igualmente. Sigo quedándome con mi ojalá, porque seguiré sintiéndote como te siento. No es sólo culpa tuya, de como seas. Es culpa de los dos, de cómo somos juntos.

Así que me despido con un ojalá.

lunes, octubre 14, 2013

Mascaradas

Algunos dicen que la vida es un baile de disfraces. Yo, despreocupado por la vestimenta, me dedico a bailar lo mal que sé, sin importarme las caretas que día a día te intentan colocar por doquier. Porque no soy esa careta, porque siempre busco lo que se esconde tras los trajes que nos quieren hacer a la medida, la mayor de las veces sin siquiera saber nuestra talla. Y las caretas que nos colocan no suelen reflejar otra cosa que las intenciones de quien las reparte, sean buenas o malas.

Y me sigo dedicando a bailar, tropiezo y piso lo que puedo y, a veces, te encuentras con otros pies que se mueven contigo y parece que se acompasan. Y esos pies llevan careta, disfraz de luxe.

Y no me importa el traje que le hayan querido poner, y no es menos cierto que no se puede besar sin quitarse la careta, y en la valentía de arrancarla para verse las caras es donde reside el primer paso para bailar viendo lo que en realidad tenemos delante, y lo que nos perdemos si dejan de bailar.

Yo miro con mis propios ojos, y beso con mis propios labios. Y a quien le gusten las caretas, que chupe cartones.

domingo, octubre 13, 2013

Cielo

Lo que echas de menos. Lo que duele, lo que pega, lo que hiere. Las gotas por la barba. Lo que se muere.

El silencio y el aire. Las manos vacías, el cielo de lejos. La rabia, la lucha perdida en los espejos.

La nota en la entrada, la mente quebrada. La mirada profunda, las teclas que no dicen nada.

Los huecos, los temblores. Ni cava ni flores. Los patios de colegio. La ausencia, los dolores.

Las agujas en el pecho.

Mal de amores.

lunes, septiembre 16, 2013

La latencia de las semillas

Recuerdo mi último cigarro, bajo la mirada reprobadora de Jonah Kilt, una de esas noches tan limpias de Castrocontrigo. No olía más que al murmullo de la brisa entre los árboles.

Yo lamentaba una oportunidad perdida. Hablaba de cómo puedes tener todo a favor para que saliera y no salió. Y el me habló de semillas. De cómo, aún en las condiciones ambientales más propicias, una semilla puede no llegar a germinar, se queda esperando el momento realmente oportuno. Y, cuando llega el mejor momento, el adecuado, brota. Con fuerza, brota como nunca y con ganas, con sed de vida.

Me dijo que a ésto se le llama el periodo de latencia de las semillas. Cuando a veces, con todo a favor, falla el momento, el tiempo.

Pero las cuestiones de tiempo no son problema para las semillas, y como prueba me hizo escuchar el murmullo de las ramas sobre nuestras cabezas.

Lo que me hizo entender, y sigo dándole gracias por ello, es que no hay tanta diferencia entre una pequeña semilla y el más grande de los corazones.

martes, septiembre 10, 2013

Sola

En ese mes (apenas un mes) le dio por quitarle los clavos a mi cruz, y enterrarlos en el vergel de su jardín. Y con la madera hicimos un banco donde sentarnos a mirar las estrellas, y un jergón desde donde hasta ellas nos envidiaban. Se le da bien la madera.
Aún así sobró, y la esculpimos con forma de dos barquitos. Y cada uno se encargó de pintar a mano el del otro, y de darle nombre. Los soltamos a la mar en un día de tormenta, a la deriva.

Cada uno tomó su rumbo libre tanto para separarse como para volverse a encontrar, y que la marea nos sea propicia!

domingo, julio 28, 2013

Lujazos

A veces la vida se viste de lujo, te sorprende con el guapo subido y le da por hacerte dos regalos que no suelen ir al mismo tiempo.

Uno es un momento bonito, el otro la capacidad para disfrutarlo y nada más. Que no siempre las cosas son como nos gustarían nos hace perder muchos de los primeros; el otro nos suele venir demasiado tarde y a toro pasado recordamos cuando la vida se nos vistió de gala y nos dió por reprocharle los pendientes.

Que no hace mucho me enseñaron que la vida se enfada si nos dedicamos a sacarle los defectos, y le entran menos ganas de tirar de vestidor. Así que ya no le doy tantas vueltas a las cosas que no tienen arreglo ni me quedo parado cuando lo tienen.

Y, si la vida se me viste de gala, la saco a bailar.