domingo, febrero 18, 2007

Mi Atlas personal. Quizá aquel gorro rojo de playa sepa de qué va.

La primera vez que miré en él, ya atisbé pizcas de tierra en sus manos, mar en su pelo y firmamento en sus ojos.
Tú viste mucho más, mucho más allá de lo que nos daba el mito griego. Y creí por algún tiempo que tu mano iba a aliviar la carga a sus espaldas pero no. Y no lo entiendo. y protesto y rabio y muerdo y lloro. Porque entendería que la historia repetida me pasara a mí, triste amago de bufón y juglar que tantas veces la ha jugado que ni en años de penitencia daría tiempo a corregirme.
Pero a él. Al que dices que rosas salen de su boca cada vez que te recuerda. Al que dices que riega con besos los filos áridos de la tuya. Al que mira tus pasos como camino de baldosa de oro, oye tu palabra como imán en la altura. Al que te sigue con fe ciega como se sigue al maestro.
Y ¿Por qué traicionas esa fe ciega?. Para uno que te la tiene. Porque los demás te tenemos fe, pero en parte atada a los dictados de la razón. Pero la de él te es tan pura que ilumina las sombras que tanto empeño tienes en ponerle. Y no vacila. ¿Es que no lo ves? ¿Es que seguirás sometiendo a pruebas eternas su devoción? Pues que sepas que de seguir así tu único resultado será el vacío, porque la confianza que te reservan y en la que tú no crees es tan pura que no atiende a razones.
Eres afortunada. Pero la fortuna es un hongo que se aprovecha del tronco del árbol del bien y del mal. Y así sea como coma, así nos sale mala o buena. Reflexiona. Porque tienes la suerte de que por cada traspiés en el camino a tí te dan un beso en vez de una duda. Yo, que sólo he podido besar una vez en cada boca que se ha dejado, te envidio. Y te pido que, si no lo quieres, devuelvas aquello que te dan con la verdad en el pecho. Y si por un casual lo quieres, lo atesores contigo como se guardan las cosas que nos hacen sentir vivos. Ya sabes tú cómo.

miércoles, febrero 14, 2007

A modo de ejercicio

Somos un coladero de información.
Y como tal coladero, del caudal de información que nos aturde día a día sólo retenemos algunos pedazos más bien inocuos para el "interés general". Porque si de toda la información que nos llega, el noventa por ciento es del corazón y el otro diez rosa, lo poco que retengamos van a ser paparruchas de espectros (entes) desopinantes. Ha cambiado la estrategia: de silenciar la información hemos pasado a la más sutil de bombardear con toneladas de metralla y retener los gramos que valen su peso en oro. Vivimos en la sociedad de la información. De la información del corazón, no lo olvidemos nunca. Absolutamente todos sabemos del corazón; queramos o no el acoso a los sentidos es tal que acabamos sabiendo. Y mientras pasa eso, nos cuelan por detrás las piezas que dan qué pensar.
Alguna se puede retener. La mayoría aparecen como breves en diarios de tirada nacional. Como por ejemplo el juicio en la India sobre los medicamentos genéricos, o sobre los últimos tratados de Rusia con países del este europeo para sacar el gas al mediterráneo. O sobre que desde que se convocaron elecciones democráticas en RDC las exportaciones de diamantes descendieron en un 80%.
La cuestión de hablar de todo esto es que hoy voy a proponer un juego. Con dos partes. Parte uno: Gardasil. Parte dos: Aissata Diakite. Buena suerte.

viernes, enero 12, 2007

Y otra vez

Y otra vez vuelves con la constancia de las olas que desgastan acantilados, no a base de golpes sino de caricias que el acantilado recibe con agrado pero lo erosionan hasta las entrañas. Vuelves con la periodicidad de las estaciones o de las lunas que mueven esas olas.
Así grano a grano el acantilado se derrumba y con lo arrebatado vas formando una playa tranquila donde las olas puedan dibujar surcos a su voluntad, que es la tuya, y de la voluntad del acantilado sólo va quedando algún peñón que a la vez que reclama tiempos pasados de respeto a su grandeza sólo sirve para poner a secar la toalla. Quizá es que nunca me gustó el mar.

martes, enero 02, 2007

Tengo parte de culpa. Yo, como muchos otros, puse mi grano de arena para provocar tu adiós.
De nada sirve ahora lamentar, rasgarse las vestiduras, clamar al cielo, erigirse en defensores. Yo, que provoqué tu caída, no seré tan hipócrita como para repartir octavillas en tu favor. Evitar tu muerte, de ser esto posible, era trabajo de años atrás.
Pero es que casi ya ni nos veíamos. Antes sí. De vez en cuando trataba contigo, pasábamos alguna tarde juntos. Me has visto besar cuando tú besabas, me has visto llorar cuando tú llorabas, me has visto reír...
Y ahora toca despedirse. Otros ha habido antes, y otros habrá después de tí.
Claro que se te echará de menos. De vez en cuando aparecerá tu recuerdo en ese tipo de ocnversaciones nostálgicas que no hacen más que confirmar nuestros pasos a una madurez aborrecida por nuestros corazones. Pues ése es el mérito de algunos sitios: el de acompañar a momentos de nuestras vidas que nos son muy queridos. Por desgracia, la deuda que vamos asumiendo para con vosotros nunca se salda. Y cuando la piqueta actúa, nos limitamos a sentir una pizca de pena, nada de lástima y quizás soltar un suspiro. Y a seguir con la vida diaria. Esa es la verdadera condición humana. Olvidar hoy en día es fácil, sano, barato y terapéutico.
Perdona pero te vamos a derribar. Y gracias por esos momentos. Son impagables. Y como son impagables, quedémos así en paz.
Hasta que no quede ninguno, entonces nos daremos cuenta de que hemos cambiado para siempre y sin remedio.

martes, septiembre 12, 2006

domingo, junio 25, 2006

Soñar mata.

Ante todo, dos perdones. A las cuatro personas que, de vez en cuando y asediados por el tedio, leéis este blog. Perdón por la tardanza en escribir algo, y perdón porque esta entrada es tan personal y críptica que, de los cuatro que leéis, sólo dos entenderéis. Los demás tomadlo como un ejercicio de narrativa prestada. Pues todo lo que tengo que decir, mal escritor sea, lo han dicho antes otros y de muy mejor manera que la mejor que a mí se me pudiera ocurrir. Otras entradas en la línea habitual tendrán que esperar a que Tini diga algo inteligente (años), Usa empiece otra guerra (meses) o acabe el bendito libro de relatos para Culturaquí (días). Por ahora mi voz delega en Bob Dylan, y él hable por mí. Cantará con una voz más mala que el demonio, pero los dioses le copian las palabras. Esta entrada es un adiós a, una decepción de quien no te estrecha la mano, una mirada a una estatua de museo, perfecta y lejana (de frío mármol). Y mi mano izquierda tendida, la del corazón, sólo la rozó el aire. La derecha apretaba un paquete de Fortuna. Os dejo con Dylan, mejor compañía que la de un pensador errante. Quizá la vida y el progreso sea, hoy en día, un plató gigante de Salsa Rosa. Si es así, a mí llamadme Señor Cayo. Porque, como decía Delibes en su discurso de entrada a la RAE:
"posteriormente mi oposición al sentido moderno del progreso y las relaciones hombre-naturaleza se ha ido haciendo más acre y radical...el poder del dinero y la organización terminan por convertir en borrego a un hombre sensible, mientras la naturaleza mancillada, harta de servir de campo de experiencias a la química y a la mecánica, se alza contra el hombre en abierta hostilidad".
Pero, antes de hablar de eso, estábamos con Dylan. Y con una mano que sólo estrecha el aire:
"If you see her, say hello, she might be in Tangier
She left here last early spring, is livin' there, I hear
Say for me that I'm all right though things get kind of slow
She might think that I've forgotten her, don't tell her it isn't so.
We had a falling-out, like lovers often will
And to think of how she left that night, it still brings me a chill
And though our separation, it pierced me to the heart
She still lives inside of me, we've never been apart.
If you get close to her, kiss her once for me
I always have respected her for busting out and gettin' free
Oh, whatever makes her happy, I won't stand in the way
Though the bitter taste still lingers on from the night I tried to make her stay.
I see a lot of people as I make the rounds
And I hear her name here and there as I go from town to town
And I've never gotten used to it, I've just learned to turn it off
Either I'm too sensitive or else I'm gettin' soft.
Sundown, yellow moon, I replay the past
I know every scene by heart, they all went by so fast
If she's passin' back this way, I'm not that hard to find
Tell her she can look me up if she's got the time."
If you see her, say hello. Bob Dylan.