viernes, enero 12, 2007

Y otra vez

Y otra vez vuelves con la constancia de las olas que desgastan acantilados, no a base de golpes sino de caricias que el acantilado recibe con agrado pero lo erosionan hasta las entrañas. Vuelves con la periodicidad de las estaciones o de las lunas que mueven esas olas.
Así grano a grano el acantilado se derrumba y con lo arrebatado vas formando una playa tranquila donde las olas puedan dibujar surcos a su voluntad, que es la tuya, y de la voluntad del acantilado sólo va quedando algún peñón que a la vez que reclama tiempos pasados de respeto a su grandeza sólo sirve para poner a secar la toalla. Quizá es que nunca me gustó el mar.

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