viernes, abril 11, 2014
Penúltima
La semana que viene, cierro. Con algo muy bonito. Pero hasta aquí llegamos. Finito.
martes, marzo 11, 2014
Calor
Cuando hubo tormenta, ella me dio refugio.
Ahora brilla el sol, a todo caminante le toca seguirlo y, si algún día tienes la suerte de pasar bajo ese techo, te aseguro que no volverás a sentir frío.
Ahora brilla el sol, a todo caminante le toca seguirlo y, si algún día tienes la suerte de pasar bajo ese techo, te aseguro que no volverás a sentir frío.
viernes, febrero 07, 2014
Escaleras
Los éxitos son para disfrutarlos. Las derrotas para aprender a hacerlo. Cada una de ellas surge sólo tras el intento, y nunca tras permanecer esperando a un destino que en realidad está ante nosotros un sólo paso más adelante. Las derrotas, los fracasos son parte de esas piedras del camino, junto a todo lo que perdimos o por todo aquello que luchamos y nunca tuvimos.
Con todas esas piedras podemos hacer dos cosas.
Muros. O escaleras.
domingo, diciembre 08, 2013
Columpios
Te
siento pegada a mis costillas, te agarras tan fuerte que me duele cuando
intento respirar el aire fresco que tanto recomiendan, pero puede que mi pecho
prefiera llenarse del aire pesado y denso que envuelve las bocas tras cada
beso.
Te
agarras con la fuerza increíble de las delicadas manos de un recién nacido, que
lo va descubriendo todo como yo volví a descubrir por tu gracia. Te cuelgas del
corazón, como una niña en un columpio un día de verano, adelante y atrás, bom
bom, marcando los latidos.
¿Qué
pasará cuando te bajes?
domingo, noviembre 24, 2013
4 estaciones
Sol delgado
de verano con sonrisa de playa y luz de faro a pleno día, deslumbrante
atracción de corazones polilla con alas de Icaro derritiéndose por el calor de
tu aliento viento libre del sur. Mordiscos de piel de melocotón, carne de
ciruela, corazón de niña curiosa ilusionada que jugaba a hacer castillos de
arena a la orilla del mar de una melena.
Las
gotas frías del otoño son tu recuerdo limpio de agua dulce o salada, según
dónde se ponga a llorar la impaciente nube que mi nostalgia ve con forma de
boca de algodón. Otoño de principios tras finales que no son más que
puntoyseguido, líneas que forman espirales áureas en libretas olvidadas.
El
invierno será sólo el invierno, quizá blanco como el vestido de lino de
mercadillo y gitanilla con tu misma mirada profunda y brillante como el reflejo
de la nieve en los tejados por los que se prodigan los hijos que perdemos.
Invierno de calor artificial y pasatiempos amargos como el sorbo de cava tras
las uvas.
Esperanza
ciega de primavera, impaciencia por saber qué fue de las semillas mágicas del
verano, margaritas tramposas de cien
pétalos y un clavo ardiendo, vientos que huelen a polen y cigarrillos, a
galletas de chocolate. Brotes que tienen todas las probabilidades de morir
ahogados entre las espinas. Deseos en baúles, maletas que seguramente se separen
en la cinta de un aeropuerto.
lunes, noviembre 18, 2013
A_gusto
En esta historia hay un bar, como en muchas historias. Y había una rubia, como en todos los bares un sábado por la noche, como en muchas historias. Y para mi sorpresa, me miraba, y eso ya no sale en muchas historias. Lo primero que hice fue mirarme de arriba abajo, creyendo ciegamente que la razón de esa fijación era algo que a mí me había pasado inadvertido pero que a ella le hacía sonreír por encima de las babas que la circundaban.
Y no encontré nada en mi aspecto que a mí me pareciera fuera de lo corriente, así que me dio por creer que me merecía una explicación. Me acerqué y a las preguntas siguieron un par de risas cervezas repuestas y más miradas, con el no único interés de ver hasta dónde llegaba su interés. Que si estaba solo me dijo antes de acercarse la cerveza a los labios, ya me iba para casa contesté bebiendo en mi turno.
"A casa, que a gustito llegar a casa, ¿verdad?" Me dijo ampliando la sonrisa. Y en ese instante, las palabras casa y a gusto provocaron un remolino en mi cabeza, y en mi mente brilló una imagen. Era la foto que me mandaste al teléfono, yo en medio de una noche de trabajo que se acercaba a su fin. Y tú en casa. Me la mandaste de repente, no lo esperaba. Elegiste de las cuatro que sacaste aquella en la que te veías más guapa, tu melena haciendo mares por el suelo de madera, en los ojos una mirada paciente como nunca fui yo, esperando tranquila. Y en la boca un puntito. No te hacía ninguna falta sacar cuatro, valía la primera porque mis ojos te miran desde el lugar en el que vivo, ese huequito que hay entre tus líneas del corazón y de la vida.
Porque alguien me dijo que la mente es una máquina perfecta, y estar en casa a gusto era aquello y no otra cosa. Así que a aquella chica le respondí que de hecho me iba ya a casa, me callé que a mirar tu foto, me porté como un caballero y por supuesto dejé que me invitara, apoyé la cerveza vacía encima de la etiqueta arrancada de la suya y salí.
Dicen que hacía frío esa noche.
Y no encontré nada en mi aspecto que a mí me pareciera fuera de lo corriente, así que me dio por creer que me merecía una explicación. Me acerqué y a las preguntas siguieron un par de risas cervezas repuestas y más miradas, con el no único interés de ver hasta dónde llegaba su interés. Que si estaba solo me dijo antes de acercarse la cerveza a los labios, ya me iba para casa contesté bebiendo en mi turno.
"A casa, que a gustito llegar a casa, ¿verdad?" Me dijo ampliando la sonrisa. Y en ese instante, las palabras casa y a gusto provocaron un remolino en mi cabeza, y en mi mente brilló una imagen. Era la foto que me mandaste al teléfono, yo en medio de una noche de trabajo que se acercaba a su fin. Y tú en casa. Me la mandaste de repente, no lo esperaba. Elegiste de las cuatro que sacaste aquella en la que te veías más guapa, tu melena haciendo mares por el suelo de madera, en los ojos una mirada paciente como nunca fui yo, esperando tranquila. Y en la boca un puntito. No te hacía ninguna falta sacar cuatro, valía la primera porque mis ojos te miran desde el lugar en el que vivo, ese huequito que hay entre tus líneas del corazón y de la vida.
Porque alguien me dijo que la mente es una máquina perfecta, y estar en casa a gusto era aquello y no otra cosa. Así que a aquella chica le respondí que de hecho me iba ya a casa, me callé que a mirar tu foto, me porté como un caballero y por supuesto dejé que me invitara, apoyé la cerveza vacía encima de la etiqueta arrancada de la suya y salí.
Dicen que hacía frío esa noche.
lunes, noviembre 11, 2013
Piedra
Tu sencillez para esculpir en piedra con las manos desnudas. Esa facilidad para dejar tu impresión grabada a prueba del tiempo. Porque tus marcas vienen desde la sonrisa. No hay cicatriz si no hay herida, no hay dolor si tu manera de fijar impresiones se basa en la felicidad y tus armas son besos y risas. No dejas huecos, sino que te haces con un sitio que permanece lleno de velas con tu nombre.
Dejas cada piel mejor de como la encontraste, echarte de menos es derecho y no obligación.
Inspiras, remueves, conmueves. Alegras hasta de lejos, y por eso tu recuerdo es feliz y sereno. Añorarte es sólo querer ser mejor, mirar hacia arriba y no hacia atrás. ¿Perderte? Carece de significado contigo, que tu mayor mandamiento es compartir, lo demás viene y se va, y se disfruta lo que se comparte mientras se nos presente.
Panderetera que me dejas olvidar el hoy hasta mañana, que escondes un trébol de cuatro hojas contra la lluvia y lo desmigas entre papel de liar, no olvides que lo que tallas no entiende de olvidos, que lo que dejas sigue creciendo, que el quizá de un destino que sólo se toma su tiempo es el ojalá que me guardo con derecho a suspirar y nada más, que mis ojos ya han visto lo que no sabían ni que buscaban, recuerda todo el tiempo que permanecimos escondidos excepto aquella noche que pasamos uno al lado del otro en el diario sin saberlo.
Que ese punto de tus labios siempre me ha dicho que es punto y seguido, que mataría por volver a verte en pantalones y nada más, por estar detrás del círculo bajo tu triángulo, por volver a sentir esa risa floja tras sudarnos, por arrugar la nariz con las cosquillas de tu pelo, por volver a contar con todas tus facetas, no perderme ninguna de tus partes.
Porque era muy fácil sentirnos felices, y tengo que reconocer que sinceramente no creo que encuentre a nadie como tú para poder llamar compañera.
Compañera, ha sido un viaje corto. Pero me temo que por muy largo que hubiera sido, me lo habría parecido igualmente. Sigo quedándome con mi ojalá, porque seguiré sintiéndote como te siento. No es sólo culpa tuya, de como seas. Es culpa de los dos, de cómo somos juntos.
Así que me despido con un ojalá.
Dejas cada piel mejor de como la encontraste, echarte de menos es derecho y no obligación.
Inspiras, remueves, conmueves. Alegras hasta de lejos, y por eso tu recuerdo es feliz y sereno. Añorarte es sólo querer ser mejor, mirar hacia arriba y no hacia atrás. ¿Perderte? Carece de significado contigo, que tu mayor mandamiento es compartir, lo demás viene y se va, y se disfruta lo que se comparte mientras se nos presente.
Panderetera que me dejas olvidar el hoy hasta mañana, que escondes un trébol de cuatro hojas contra la lluvia y lo desmigas entre papel de liar, no olvides que lo que tallas no entiende de olvidos, que lo que dejas sigue creciendo, que el quizá de un destino que sólo se toma su tiempo es el ojalá que me guardo con derecho a suspirar y nada más, que mis ojos ya han visto lo que no sabían ni que buscaban, recuerda todo el tiempo que permanecimos escondidos excepto aquella noche que pasamos uno al lado del otro en el diario sin saberlo.
Que ese punto de tus labios siempre me ha dicho que es punto y seguido, que mataría por volver a verte en pantalones y nada más, por estar detrás del círculo bajo tu triángulo, por volver a sentir esa risa floja tras sudarnos, por arrugar la nariz con las cosquillas de tu pelo, por volver a contar con todas tus facetas, no perderme ninguna de tus partes.
Porque era muy fácil sentirnos felices, y tengo que reconocer que sinceramente no creo que encuentre a nadie como tú para poder llamar compañera.
Compañera, ha sido un viaje corto. Pero me temo que por muy largo que hubiera sido, me lo habría parecido igualmente. Sigo quedándome con mi ojalá, porque seguiré sintiéndote como te siento. No es sólo culpa tuya, de como seas. Es culpa de los dos, de cómo somos juntos.
Así que me despido con un ojalá.
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