Sol delgado
de verano con sonrisa de playa y luz de faro a pleno día, deslumbrante
atracción de corazones polilla con alas de Icaro derritiéndose por el calor de
tu aliento viento libre del sur. Mordiscos de piel de melocotón, carne de
ciruela, corazón de niña curiosa ilusionada que jugaba a hacer castillos de
arena a la orilla del mar de una melena.
Las
gotas frías del otoño son tu recuerdo limpio de agua dulce o salada, según
dónde se ponga a llorar la impaciente nube que mi nostalgia ve con forma de
boca de algodón. Otoño de principios tras finales que no son más que
puntoyseguido, líneas que forman espirales áureas en libretas olvidadas.
El
invierno será sólo el invierno, quizá blanco como el vestido de lino de
mercadillo y gitanilla con tu misma mirada profunda y brillante como el reflejo
de la nieve en los tejados por los que se prodigan los hijos que perdemos.
Invierno de calor artificial y pasatiempos amargos como el sorbo de cava tras
las uvas.
Esperanza
ciega de primavera, impaciencia por saber qué fue de las semillas mágicas del
verano, margaritas tramposas de cien
pétalos y un clavo ardiendo, vientos que huelen a polen y cigarrillos, a
galletas de chocolate. Brotes que tienen todas las probabilidades de morir
ahogados entre las espinas. Deseos en baúles, maletas que seguramente se separen
en la cinta de un aeropuerto.
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