martes, junio 26, 2007

Que conste que no quería hablar del premio




Pero es que me vino una cosa a la cabeza y me hizo gracia.


Lo siento, pero me hizo gracia. Ya sé que no es políticamente correcto, pero de un tiempo a esta parte estoy ácido y negro (cáustico y oscuro). En definitiva, me vino a la cabeza la imagen de un famosillo cazaautógrafos un poco pesadín tentando la suerte y poniendo en peligro su vida abrazando a Bob Dylan por la cintura para sacarse una foto y pedir una firmita.

Ya véis, la duda que me quema a mí no es saber si va o no va a venir. Es saber si va o no va a aparecer el cazaautógrafos en sucesos. Tega cuidado que el perro muerde.


viernes, junio 01, 2007

Y

Y por culpa de esa promesa nos conocimos un año después de cuando nos encontramos por primera vez.
Y de entre todas las cosas que me preguntaste y no te contesté, esa era la más repetida. Y ahí lo tienes, por una de esas promesas estúpidas, tan estúpidas que no puedes ni contarlo por no traicionar a quien se la haces. Y da igual que maldiga la promesa porque no sirve de nada. Y el año siguiente fue un espejismo, una nube de verano, un chaparrón de sólo ida, un gorro de playa. Y sé que debería haber sido perjuro, en tu pelo. Y qué mal nos trató ahí la suerte, que me hizo ser leal a una amistad y perdí una vida. Y sé que me mirabas, que me observabas pero nunca adiviné el porqué. Y aunque parezca increíble oírmelo decir, quizá es que las cosas al final estén mejor así, tú en el pedestal que te hice al día siguiente de verte sentada en una silla y yo con este resquemor que me empuja a dejar constancia tecla a tecla de todas las veces que te echo de menos. Y creo que no me quedan más preguntas que responderte, si hay alguna nueva la respuesta en un sí. Y puedes quitar todas las ies griegas de principio de frase. Es que las tenía sin usar de todas las veces que la imaginé entre nuestros nombres.

martes, mayo 08, 2007

Respuesta a "Y otra vez"

Aquí echo de menos la playa. Esa cultura dominguera que aprendes muy de pequeña de cinco en un seat cinco, fiambreras y gaseosa. Las manos de una madre esparciendo generosamente y sin miramientos una crema pegajosa después de cambiarte en un vestidor que no es más que una toalla agarrada de manera tan precaria que dio más de un susto. Levantarse por la mañana entre olores a tortilla de patata y carne empanada mirando por las ventanas el aspecto de las nubes. Cómo no echar de menos las partidas de palas, el bañador de la abuela con la dentadura guardada en el escote. Los griteríos en el coche, los mareos y aquellos juegos para distraerte en los que unos pececillos de plástico flotaban en una pecera diminuta y por medio de un botón que expulsaba burbujas tratabas de introducirlos en un aro. Y las olas. Con ese ritmo hipnotizador que comparte con el fuego. Y pisar la arena.

martes, abril 03, 2007

Algo que tenía por ahí perdido

Recuerdo ahora (me viene a la memoria) aquella serie de televisión donde uno de los protagonistas guarda en el congelador un libro porque teme leer su final.
Yo quizá no tenga un libro en letargo, pero escondo un correo sin abrir porque ya sé lo que dice (me lo han chivado) y no quiero pasar por el mal trago de leerlo. Otra de tantas veces para esa acertadísima frase de Siddhartha Gautama: "El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional". Aún así nos queda por delante el dolor. Pero eso es algo a lo que estoy acostumbrado. Va por dentro, y todo lo que va por dentro creo que se me da bien.

martes, marzo 06, 2007

80

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

domingo, febrero 18, 2007

Mi Atlas personal. Quizá aquel gorro rojo de playa sepa de qué va.

La primera vez que miré en él, ya atisbé pizcas de tierra en sus manos, mar en su pelo y firmamento en sus ojos.
Tú viste mucho más, mucho más allá de lo que nos daba el mito griego. Y creí por algún tiempo que tu mano iba a aliviar la carga a sus espaldas pero no. Y no lo entiendo. y protesto y rabio y muerdo y lloro. Porque entendería que la historia repetida me pasara a mí, triste amago de bufón y juglar que tantas veces la ha jugado que ni en años de penitencia daría tiempo a corregirme.
Pero a él. Al que dices que rosas salen de su boca cada vez que te recuerda. Al que dices que riega con besos los filos áridos de la tuya. Al que mira tus pasos como camino de baldosa de oro, oye tu palabra como imán en la altura. Al que te sigue con fe ciega como se sigue al maestro.
Y ¿Por qué traicionas esa fe ciega?. Para uno que te la tiene. Porque los demás te tenemos fe, pero en parte atada a los dictados de la razón. Pero la de él te es tan pura que ilumina las sombras que tanto empeño tienes en ponerle. Y no vacila. ¿Es que no lo ves? ¿Es que seguirás sometiendo a pruebas eternas su devoción? Pues que sepas que de seguir así tu único resultado será el vacío, porque la confianza que te reservan y en la que tú no crees es tan pura que no atiende a razones.
Eres afortunada. Pero la fortuna es un hongo que se aprovecha del tronco del árbol del bien y del mal. Y así sea como coma, así nos sale mala o buena. Reflexiona. Porque tienes la suerte de que por cada traspiés en el camino a tí te dan un beso en vez de una duda. Yo, que sólo he podido besar una vez en cada boca que se ha dejado, te envidio. Y te pido que, si no lo quieres, devuelvas aquello que te dan con la verdad en el pecho. Y si por un casual lo quieres, lo atesores contigo como se guardan las cosas que nos hacen sentir vivos. Ya sabes tú cómo.