martes, abril 03, 2007

Algo que tenía por ahí perdido

Recuerdo ahora (me viene a la memoria) aquella serie de televisión donde uno de los protagonistas guarda en el congelador un libro porque teme leer su final.
Yo quizá no tenga un libro en letargo, pero escondo un correo sin abrir porque ya sé lo que dice (me lo han chivado) y no quiero pasar por el mal trago de leerlo. Otra de tantas veces para esa acertadísima frase de Siddhartha Gautama: "El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional". Aún así nos queda por delante el dolor. Pero eso es algo a lo que estoy acostumbrado. Va por dentro, y todo lo que va por dentro creo que se me da bien.

martes, marzo 06, 2007

80

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

domingo, febrero 18, 2007

Mi Atlas personal. Quizá aquel gorro rojo de playa sepa de qué va.

La primera vez que miré en él, ya atisbé pizcas de tierra en sus manos, mar en su pelo y firmamento en sus ojos.
Tú viste mucho más, mucho más allá de lo que nos daba el mito griego. Y creí por algún tiempo que tu mano iba a aliviar la carga a sus espaldas pero no. Y no lo entiendo. y protesto y rabio y muerdo y lloro. Porque entendería que la historia repetida me pasara a mí, triste amago de bufón y juglar que tantas veces la ha jugado que ni en años de penitencia daría tiempo a corregirme.
Pero a él. Al que dices que rosas salen de su boca cada vez que te recuerda. Al que dices que riega con besos los filos áridos de la tuya. Al que mira tus pasos como camino de baldosa de oro, oye tu palabra como imán en la altura. Al que te sigue con fe ciega como se sigue al maestro.
Y ¿Por qué traicionas esa fe ciega?. Para uno que te la tiene. Porque los demás te tenemos fe, pero en parte atada a los dictados de la razón. Pero la de él te es tan pura que ilumina las sombras que tanto empeño tienes en ponerle. Y no vacila. ¿Es que no lo ves? ¿Es que seguirás sometiendo a pruebas eternas su devoción? Pues que sepas que de seguir así tu único resultado será el vacío, porque la confianza que te reservan y en la que tú no crees es tan pura que no atiende a razones.
Eres afortunada. Pero la fortuna es un hongo que se aprovecha del tronco del árbol del bien y del mal. Y así sea como coma, así nos sale mala o buena. Reflexiona. Porque tienes la suerte de que por cada traspiés en el camino a tí te dan un beso en vez de una duda. Yo, que sólo he podido besar una vez en cada boca que se ha dejado, te envidio. Y te pido que, si no lo quieres, devuelvas aquello que te dan con la verdad en el pecho. Y si por un casual lo quieres, lo atesores contigo como se guardan las cosas que nos hacen sentir vivos. Ya sabes tú cómo.

miércoles, febrero 14, 2007

A modo de ejercicio

Somos un coladero de información.
Y como tal coladero, del caudal de información que nos aturde día a día sólo retenemos algunos pedazos más bien inocuos para el "interés general". Porque si de toda la información que nos llega, el noventa por ciento es del corazón y el otro diez rosa, lo poco que retengamos van a ser paparruchas de espectros (entes) desopinantes. Ha cambiado la estrategia: de silenciar la información hemos pasado a la más sutil de bombardear con toneladas de metralla y retener los gramos que valen su peso en oro. Vivimos en la sociedad de la información. De la información del corazón, no lo olvidemos nunca. Absolutamente todos sabemos del corazón; queramos o no el acoso a los sentidos es tal que acabamos sabiendo. Y mientras pasa eso, nos cuelan por detrás las piezas que dan qué pensar.
Alguna se puede retener. La mayoría aparecen como breves en diarios de tirada nacional. Como por ejemplo el juicio en la India sobre los medicamentos genéricos, o sobre los últimos tratados de Rusia con países del este europeo para sacar el gas al mediterráneo. O sobre que desde que se convocaron elecciones democráticas en RDC las exportaciones de diamantes descendieron en un 80%.
La cuestión de hablar de todo esto es que hoy voy a proponer un juego. Con dos partes. Parte uno: Gardasil. Parte dos: Aissata Diakite. Buena suerte.

viernes, enero 12, 2007

Y otra vez

Y otra vez vuelves con la constancia de las olas que desgastan acantilados, no a base de golpes sino de caricias que el acantilado recibe con agrado pero lo erosionan hasta las entrañas. Vuelves con la periodicidad de las estaciones o de las lunas que mueven esas olas.
Así grano a grano el acantilado se derrumba y con lo arrebatado vas formando una playa tranquila donde las olas puedan dibujar surcos a su voluntad, que es la tuya, y de la voluntad del acantilado sólo va quedando algún peñón que a la vez que reclama tiempos pasados de respeto a su grandeza sólo sirve para poner a secar la toalla. Quizá es que nunca me gustó el mar.