miércoles, agosto 30, 2017

Bobi

Hubo una vez que perseguí un sueño. Sí, uno de los difíciles. Uno de esos por los que luchas aunque no sepas si lo lograrás. Porque lo que sabes de antemano que haciendo determinadas cosas vas a conseguir no son sueños. Son etapas. Las etapas no dan miedo. Los sueños sí, y es ahí donde se diferencia a valientes del resto.

Miedo a fallar, a que aún dándolo todo no sea suficiente. Porque esa es otra. Eso de con esfuerzo conseguirás todo lo que te propongas es una bonita frase para libros de autoayuda; pero luego está la realidad y menudas hostias da. No, a veces no basta. Y es injusto, y una mierda. Darlo todo y no lograrlo. Sí, eso pasa. Lo sé.

Hace mucho perseguí un sueño. Con fuerza, con ganas, con ilusión. Con miedo. Y seguí.

No lo logré.

Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Era mi sueño. Si no lo hubiera intentado con todo mi ser, me lo reprocharía toda la vida. No hay manera compatible de ser uno mismo y renegar de lo que soñamos. O sí: comprarse un traje gris. Porque el verdadero fracaso sería no intentarlo. Y, más que un fracaso, sería un suicidio.


No hay comentarios: