Nunca tuve unas kelme villacampa. Eran esas deportivas de caña alta que salieron cuando era un crío. Mi madre insistía en que las había muy parecidas y mucho más baratas. Pero nunca me valieron esas cosas. No me contentaba con algo parecido a lo que quería. No llegué a tener nunca playeros de caña alta.
O barco pirata de playmobil, o nada. Y no había dramas, que con el nada me quedaba tan tranquilo porque simplemente tener el sucedáneo no me valía de nada, prefería quedarme con lo que tuviera. Y pasó con todo para lo que tuve opción de elegir. Unos pies de gato, un animal de tótem, alguna amistad, ciencias o letras en segundo de bup.
No se me da el encontrarme a gusto en la suplantación, está claro. Y me quedo más tranquilo saboreando la nada que el sabor amargo de un chocolate que no endulzará nunca como el que me gusta de verdad.
viernes, julio 05, 2013
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