No hay fechas en ninguna de las notas, cartas, recuerdos que me dejaste. Hay firmas, pero nunca tras la reseña de un día concreto.
Quizá muy tarde me doy cuenta de por qué no tiene sentido colocar un tiempo o día determinado a tus palabras, aquellas que tanto te costaba decir y tan poco demostrar.
Son líneas escritas en hojas de árbol perenne, brotes que sólo saben crecer, verdes que vuelan a ritmo de risa de primavera, soles que nunca se van a poner.
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