La
tristeza no sabe bailar, por eso siempre toma como pareja a quienes no salen a
la pista. Suele vigilar la fiesta que es la vida para elegir su compañía de
entre quienes no se dejan llevar por el ritmo, y los seduce con aires de galán
de pañuelo y gomina prestada a la pereza, que no suele acudir.
Cómo me
gusta que sepas bailar, porque en las ondas que hacen los volantes de tu
vestido vive la alegría, y el aire que rozan las puntas de tus dedos al moverse
hace volar la ilusión.
La
tristeza te mira de lejos. Ya le jodiste la noche.
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