Luego ya de la faena, y mientras dábamos buena cuenta de la captura, la charla en el dinette se fue volviendo cómoda al mismo tiempo que volvía la sangre a las extremidades. Surgían anécdotas de los mil sitios que Jonah había visitado. El capitán, entretenido y creyéndose sus historias sólo a medias, cogió un ojo de bacalao, lo escaldó levemente y, tras engullirlo con notoria satisfacción le dijo: "Parece que has viajado mucho, sólo te faltaría la luna y viajar en el tiempo"
Jonah rió, y afirmó que de poder viajar en el tiempo no sabría a qué época ir o qué hacer.
Yo lo supe enseguida. No es que ya me lo hubiera planteado, pero la respuesta me llegó como a veces ocurre que lo evidente simplemente se abre paso. Supongo que hay gente que iría a conocer a Jesucristo, otros matarían a dictadores o pedirían estar en la final del mundial de Sudáfrica. Los habrá que hasta emularían a Marty McFly y aprovecharían para forrarse en las apuestas.
Pero no, nada de eso.
Yo volvería a una de esas pocas pero amargas veces que vi tus ojos enrojecidos por la rabia, el desengaño o la tristeza. Cuando a veces no sabías qué hacer, o si podrías. Cuando surgían tantas dudas, o cuando se cerraban puertas.
Volvería sabiendo que lo lograste, que te vi convertirte en la persona que eres, que acabarías haciendo gala (y no alarde) de lo que te rodea.
Volvería a uno de esos momentos, y te diría al oído:
"Tranquila. Al final todo saldrá bien".
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