martes, septiembre 30, 2025

Supernova

A Nicolás. Para Alex.

A veces las estrellas se apagan de repente. Y claro, no va a ser lo mismo que cuando una estrella pequeñita se va apagando poco a poco; la ves empequeñecerse hasta que empieza a titilar, se despide y no se vuelve a encender.

Pero estas otras veces es como trueno y lluvia, se lleva todo por delante y no deja siquiera un amable olor a hierba húmeda. Estabas viendo todo el cielo y, de repente, un fulgor que ciega. Y quema, más por dentro que por fuera. Te impide tragar, te seca el habla, inunda las cuencas de los ojos, te estremece de arriba a abajo hasta dejarte desnudo.

Es entonces cuando vuelve la.vista. Y te ves pequeño con todo un Universo por delante. Abrumado hasta que notas que la onda expansiva no lo arrasó todo. Tu gente sigue de pie. A tu lado.

Pero no es exactamente igual que antes. Les envuelve una especie de polvo que apenas se nota. Brilla suave pero firme, como una luciérnaga sacudiéndose el impacto de una tormenta. Hay polvo por todas partes: sus caras, su pelo, hay polvo hasta en el cajón que cierra mal de la mesita de noche.

Y caes en la cuenta. Una gran estrella, cuando se va de repente, se va con tanta fuerza que su minúsculo polvo se extiende por todos los lugares que una vez tocó su luz, y se posa en ellos para siempre.

Porque la estrella se habrá ido, pero la impresión que dejó su luz en todo lo que tocó siempre permanece. Se ve en aquel ceño fruncido, se ve incluso en el brazo gastado del sofá. Así que, de alguna manera, es como si nos siguiera acompañando.

Por algo dicen que somos polvo de estrellas.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Gracias por escribir esas cosas tan bonitas sobre mi padre 😢✨

Morado Durán dijo...

Un abrazo!