Y si no
puedo decírtelo a la cara, se lo diré al viento, por si le da por llevar mis
palabras en su seno y arrimarlas poco a poco al alféizar de tu ventana, a la
ventana desde donde me lanzaste esa carta que me hizo temblar el corazón y
todas mis murallas.
O al
sol, que te conoce y te cuida aún cuando sigue algo enfadado desde que le
robaste su brillo. O se lo susurraré a Eva en su tumbona, o se las soltaré a
cualquier incauta que se las crea sin que sepa que las digo por ti.
Las
diré mientras hago galletas, tartas, recetas de tu ilusión. Las gritaré al
reconocer que nunca aprenderé a olvidar tu nombre, tu huella, mi cielo con tu
estrella, tus luces en mis sombras. Las gritaré al reconocer que mi
lado bueno era tu lado de la cama, mi mejor perfil debajo de tu ventana.
Y todavía
me quedarán fuerzas para apoyarte en esa lucha tan obstinada y bonita como tú de seguir siendo feliz.
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