El aire
entre los dedos es el que me saluda. Y el olor frío que me trae no me asusta,
aunque no lo desee. Nací en invierno, y si el frío me rodea así como viene lo
recibo, que viene y va y el hecho de sacar nubes de la boca no significa que
estés muerto, si acaso escondido, protegido del exterior, latente.
Nací en
invierno, con ese viento que te deja la nariz roja como un payaso. Será por eso
que me río desde el primer día de mi vida de casi todo lo que me rodea, con esa
ilusión que creía tenía perdida pero me devolvieron en un gesto impagable.
Tampoco
me molestan las cosquillas de gotas en mi cara, que a veces bajan mezcladas con
el humo de chimenea, de asar castañas, de carbón, madera y gasolina; o de sal.
Que venga
el frío. Le pese a quien le pese, me pondré mi cuatrocuartos y me esconderé
debajo de él sin que apenas se me vea. Que ese frío viene y se va. Como el
calor.
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