¿Que si
he visto a 2012? Inolvidable, eso seguro. Con más de un punto amargo que no es
punto final, con más de cien líneas que el peso de sus palabras hacen curvar en
forma de sonrisa. Me enseñó mucho, se dejó querer de la manera que quiero
querer. Con luz de luna y cristal
empañado, con recuerdos en cajas como castigados. Me regaló los oídos como su
hermano mayor, me hizo sacar toda la sal por los ojos. Cuando si una duda abría
una boca la cerraba un beso, y pedí clemencia en falsas peleas de salón. Dicen
que se acabó el mundo, igual fue en verano o me lo pareció, y ni eso porque
todavía siento calor en el pecho y hormigas en los dedos.
Pasó
con pena y con gloria, las penas se van con la tinta, la gloria me la pinté.
Sonó a Sabina en susurros, a otros en gritos, alguno hasta lo soñé. Olía a un
bote azul con sus estrellas, tenía el tacto del papel de regalo. En sus
momentos más dulces sabía a salado, en los amargos a papel mojado. Era inquieto
en sus intereses, curioso cada día, reflexivo algunas noches, impaciente
demasiadas veces, agradecido cada minuto.
Fue
único y está de más resumirlo en dos hojas, que me falta talento para pintar lo
grande, que lo mío es lo pequeño y el detalle. Que el que viene sea más grande,
que las fuerzas no me fallen, que debajo de la lluvia nos sigan quedando bailes,
que el corazón no se calle. Y si me dejan atrás me bastará con cerrar los ojos,
y si tengo suerte me los seguirán abriendo, o cerrando, o lo que sea pero seguiré
con todo lo bonito que el 2012 dejó tan dentro, y si la suerte no quiere venir
conmigo sé con quién quiero que vaya, y que se quede.
Ah,
aquel 2012 fue cuando, y detrás tantas cosas que me hicieron crecer, y luchar y…
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