viernes, septiembre 21, 2012

Anticaídas


En una vieja mochila de esqueleto de aluminio encontré hoy una capa de agua. De esas que te cubren entero como un poncho. Y recordé aquellas rutas de montaña con las gotas de lluvia  empujadas por el viento y golpeando en la cara como agujas, mochila y tienda canadiense a la espalda, camino pedregoso y empinado. Nos mirábamos los seis a los ojos unos a otros para darnos fuerzas, y no había senda que pudiera con nosotros. Quizá hoy no tenga tantos ojos donde buscar fuerzas pero os aseguro, compañeros, que la lección está bien aprendida.

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