Ahora que, incluso en estos tiempos, nos sobran los motivos
para no soñar, ataré todo lo que llevo dentro, donde habita el olvido, al nudo que me dejas en la garganta y con ese
hatillo heredado de un clochard moribundo como compañero de viaje empezaré un camino
que nos vuelve a separar. Quizá encuentre a alguien, lo dudo a no ser que se
llame Soledad, que no me haga daño y la
engañaré soltándole las palabras
que, en realidad, son tuyas y que me
muero de ganas de decirte. Son tuyas como
mi sonrisa, mis palabras, mi imaginación
y mis lágrimas de plástico azul. Te quedas una patata que es sólo tuya por
necesidad y por realidad, y que casi te estuvo a la par, mi
espantapájaros-leona-mujer de hojalata. Sabes que yo a cambio me quedo con
todos esos detalles que sumados conforman el guión de la canción más hermosa
del mundo, me quedo a eva tomando el sol. Me quedo también en el hatillo las canciones que son como clavos cuando las cantas sin pensar en mí a no ser para quizás creer que fui un error, espero que tu error favorito. Digan lo que digan tejimos una historia muy bonita, aún a pesar de mi futuro con pan duro en el cajón.
Suerte con tus pasos. Te lo mereces
Disculpa las espinas que te haya podido clavar, disculpa que
haya sido prolijo en detalles. Disculpa por el lío causado por una patata que
sólo culpo de haber sabido reconocerte como eres, y actuado en consecuencia.
Por decirte las cosas que ya no te gusta oír y que me callaré como si fueran ruido.
No estaré esta noche contigo. Y si amanece por fin y para lo que sea me
necesitas, estaré tumbado en la alfombra.

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