jueves, abril 29, 2010

La artrosis de la funambulista

¿Vendrías si lo supieras? Acaso sea mejor no tentar la suerte y bajarse de la cuerda, dejar el riesgo para las que tienen algo que demostrar, reverencia y telón, todo lo que esta vieja es capaz de hacer gracias será a la edad, la rutina. La costumbre de hacerlo todos los días. El talento se esfumó con el miedo, caminan juntos luchando y venciéndose contínuamente hasta que un día por la mañana no están. Es entonces cuando, en el punto más álgido de la vida, la ausencia de miedo anuncia el fin del talento y el inicio de la caída, del vértigo. Ese punto en que la pelota parece detenerse en el aire. La velocidad de ésta caída solo dependerá no de la gravedad sino de que nos demos cuenta de nuestra propia decadencia y no la aceleremos. Lo primero que hace una medallista tras recibir el oro, el himno y los aplausos es bajarse del pedestal y volver a pisar la tierra húmeda por los aspersores. Sólo dos cosas puede hacer una funambulista con artrosis: aprender a tirar su cable en la arena y mirar al aire las gaviotas, o unirse a ellas.