sábado, abril 28, 2012

12 razones

No voy a perderte. Esta vez no voy a rendirme, a resignarme, a soltar los dedos. Ni tú ni yo queremos. Y no vamos a perder. Todas las piedras, todas las veces  que pelé las rodillas, todas las batallas que iba perdiendo me han hecho luchador. Y se da la casualidad que por una vez no quiero, porque quiero. Porque vale la pena. Porque ni siquiera hay pena. Hay un día a día en el que caminamos, creciendo y sujetándonos la cintura. Habrá quien diga que encuentra más de diez, incluso doce, razones para que perdamos. Y nos parecerán las mismas por las que merece la pena. Además, no todo son razones. Además, está lo que tú y yo sabemos.
Además me acompaña esa sensación de certeza que nos invade en raras ocasiones, pero que hace que movamos las piernas para otro paso más adelante.
No, tú y yo no sabremos correr. Pero en lo que es dar paso tras paso marcamos huella. Además, no buscamos llegar pronto a ninguna meta. Lo nuestro es el camino. Estamos en lo que estamos..
Y, si alguna vez dudo, meto la mano en mi bolsillo.

jueves, enero 12, 2012

Sendas

Compro café de cooperativa, para ofrecer una taza a la visita de la tarde. Me esmero, merece la pena porque Jonah Kilt para por mi ciudad lo que puede y cada café con él es un viaje en sí mismo. Los aromas le traen a él recuerdos de laderas escarpadas y cubiertas de vegetación, y esas laderas le recuerdan a su vez una anécdota de su último destino. Es entonces cuando me hundo en el sofá y me limito a escuchar, con los ojos entrecerrados.
- ¿Sabes, Mateo? Recuerdo que una vez, caminando por Yangshuo, ofrecí a un amable anciano un poco de té verde sencha que me quedaba en un tarrito de aluminio. Mientras se lo servía, me preguntó acerca de por qué me hallaba por allí. Le respondí que quería visitar la montaña de la luna. Bebió un trago largo de té, sonrió y me empezó a contar esta historia:
"Hace cientos de años, un padre que no encontraba remedio ni curandero para el mal de su hijo mayor, se encomendó a sus dioses prometiendo andar todo el camino desde su poblado hasta la montaña de la luna, si le devolvían la salud de su primogénito. Su hijo mejoró, y el padre se dispuso a cumplir su promesa. En la falda de la montaña, resultó que vivía un ermitaño que le dió cobijo y le ofreció un té. Pasó allí la noche y al día siguiente se dispuso a caminar el trecho que le quedaba. El sendero se volvía sinuoso y como cortado con hacha, al borde de un desfiladero tallado por el agua. Le sorprendió la tormenta. Arreciaba y le lanzaba maldiciones heladas contra la cara descubierta pero no daba un paso atrás, hasta que, en un golpe de furia, un rayo provocó un desprendimiento que bloqueó totalmente el camino. Impotente, regresó a la cabaña del ermitaño y le contó que no podía cumplir su promesa de hacer todo el camino de la montaña de la luna, y que los dioses le castigarían. No podía volver a su casa hasta que llegara al final del camino. El anciano le dijo que reposara allí esa noche, que a la mañana siguiente todo se vería más claro. Al despertar, el padre no encontró más que una tetera caliente en la casa. Resuelto a saber qué había sido del ermitaño salió de la cabaña y retomó el camino. Llegó hasta la zona cortada, y casi se da de bruces con un letrero que no estaba allí el día antes. Parecía hecho a mano y decía: Aquí acaba el sendero de la montaña de la luna. Comprendió, se dió la vuelta y regresó a su poblado "


jueves, diciembre 29, 2011

Dados

Juegan con nuestro futuro con la habilidad de tahúres que apestan a humo de cigarrillo y fijador de pelo. La revelación del nuevo mundo la explican con la parábola de la crisis contínua, el miedo sigue siendo argamasa que une ladrillos para atar libertades, la imaginación es pecado y sus defensores en la plaza pública son o tontos o herejes. Y en las caras de sus dados sólo salen unos.

jueves, diciembre 15, 2011

Salud! (O de cómo hacer de una buena intención un mal brindis)

Ya que son las fechas, brindemos. Y que, por una vez, no nos sirva para intentar olvidar. Brindemos para recordar a quienes ya no están, brindemos por la felicidad que nos dieron y brindemos porque conseguirla está en nuestra mano.
Brindemos por el camino ya andado, el de por andar y el equivocado, brindemos por la etapa sin pensar en la meta, por una sonrisa de los que tenemos cerca, brindemos a la  par por la cal y por la arena.
Brindemos porque de hiel a miel hay sólo una letra, porque la luna maquille nuestras ojeras, porque a tu piel esa miel me abra la puerta, por volvernos más tontos en primavera.
Brindemos siquiera por juntar los vasos, por vernos las caras una vez al año, por saber de tus pasos y encontrarme tus ojos. Brindemos, si acaso, con gorros teñidos de rojo, porque los fracasos no tapen los logros.
Brindemos por lo que queda, por ser largo, por la espera sin letargo del que ya no desespera, porque sabe que lo amargo no es amargo sino dulce, cuando a solas se recrea en pensar que lo que espera son sus días a tu lado.

miércoles, diciembre 14, 2011

Mago de Oz

Ella llegó como de repente, con esa naturalidad de quien no se había ido nunca del todo. La sonrisa era igual, el desparpajo con punto de torpeza había crecido un poco. Le recordó fugazmente al espantapájaros del Mago De Oz. Hablaron, y él se dio cuenta de que a ese espantapájaros ella le sacaba un cerebro y medio.
Luego vendrían los cafés, las risas; eso de "ponerse al día" se lo tomaban en serio. Ella absorbía toda su atención, desprendía una energía aplastante, le envolvía con ella. Algo le había pasado, creo que a esos golpes lo llaman vida, y lejos de hacerle demasiado daño eso a ella le había vuelto mejor en todo. A toda piedra en el camino respondió con temple y sin perder esa sonrisa, y le volvió a recordar al Mago de Oz. En aquel momento él pensó que ojalá al león le hubieran dado su valentía.
No recordaba exactamente el punto de inflexión, cuál fue el instante donde el cariño se volvió más fuerte. Pero era inevitable. Les costaba demasiado poco hacerse reír como para no querer. Les era demasiado fácil hablar como para callárselo. Sí que se acordaba, entre sonrisas, de aquella noche que se regalaron en la que él, mientras la abrazaba como si se rompiera, supo que no quería que nada más dependiera sólo de sí mismo. Así, a la vez que ella susurraba una canción el volvió  a pensar en el Mago de Oz, y en la envidia que le tendría a ella el hombre de hojalata si supiera que existe una persona con un corazón tan grande.
Y él, que era un poco espantapájaros, león, hombre de hojalata, no pudo más que dar gracias a quien sea el mago que los volvió a cruzar: gracias por ese cerebro, ese espíritu y ese enorme corazón.

lunes, noviembre 14, 2011

InÚtil

Me acechan las sombras de quienes tratan de convencer acerca de emitir un voto que autodenominan "útil", denominación ésta con la clara intención no de afirmar la utilidad de un voto, sino de dejar en reposo subconsciente la idea del miedo a emitir uno "inútil". Que digo yo que todos los votos son útiles, y que si se piensa que una determinada opción configura un voto más útil, la idea a transmitir sería la de "por un voto más útil".
Que no entiendo que el voto "útil" sea para quienes no han sabido, podido o querido resultarme "útiles" en estos tiempos. A mí me han parecido más bien unos inútiles.
Que acaso sea porque el voto sea usado, en provecho ajeno. Que es útil, pero no para el que vota.
Que mi voto es útil en todo caso, pues es, por desgracia, casi la única manera en la que el poder y su titular (cada día mas en teoría ) se manifieste.
Que lo otro acaso me parece un voto "fútil".
Que si lo de "inútil" es por trabajar a destajo y no recibir trajes, prebendas, retiros, puestos en consejos de administración ni medallas, lo soy.
Muy InUtil.

jueves, noviembre 10, 2011

100

Sabes que, tras muchas mareas, las olas me llevaron a ti y no me apetece otra cosa que la de descansar en la playa. Después, voy a mirar tierra adentro y a sonreír mientras miro las huellas que nuestros pasos van dejando en la arena, una al lado de la otra, firmes y parejas.